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Ruta e itinerario Dia 8: 5 Julio, de Lucerna a St. Moritz Bad
  Escrito por sttraping |
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Recorrido del día xxx km para completar un total de 2455 de viaje.
I t i n e r a r i o : Lucerna - Sisikon - Altdorf - St. Gottardopass - Airolo - Biascas - Belllinzona - Passo del San Bernardino - Splügen - Splügenpass - Montesplüga - Chiavenna - Malojapass - Sankt Moritz Bad

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Los vistosos lagos suizos
  Crónica de la jornada |
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A las 7h de la mañana estamos arriba. Buen desayuno tipo buffet en el hotel y a retomar nuestra aventura bajo las previsiones de lluvia y tormentas en la zona sur de Suiza.
Salimos por la carretera 2 bordeando el lago de Los Cuatro Cantones dejando atrás la silueta del Monte Pilatus y la mágica Lucerna.
Los kilómetros en este primer tramo se hacen pesados debido a la cantidad de pequeños pueblos que se amontonan al paso de la carretera y a los numerosos tramos con velocidad limitada a 60km/h.
Al menos nos queda la bonita panorámica sobre el lago y su entorno , algo que ayuda a hacer más llevadera la primera hora de camino.
Pasado Kussnacht la carretera paulatinamente se va convirtiendo en un divertido y curvado sube y baja entre la abundante vegetación; es sin lugar a dudas, el mejor mirador sobre el lago y los pequeños pueblos y aldeas colgados sobre la montaña.
Serpenteando de manera sosegada sin perder de vistas los verdes márgenes que unen la montaña con el lago vamos dando buena cuenta de los últimos kilómetros de curvas antes de afrontar la recta llanura que nos llevará hasta Altdorf.
De nuevo las indicaciones tientan, o mejor dicho, nos intentan engañar para meternos de lleno en la autovía, por lo que hay tener cuidado de no despistarse y seguir en todo momento los carteles hacia Wassen/Gotthardo con fondo azul.
Desde Wassen el tráfico se hace muy pesado a la vez que se vuelve a respirar el ambiente de los grandes puertos alpinos según llegamos a las primeras rampas del Gottardo .
En esta ocasión este paso lo haremos integramente por la carretera 2 dejando de lado la vía empedrada que tanto nos hizo disfrutar en la jornada de ayer.
La subida encajonada y completamente atascada en algunos tramos en un constante trasiego de motos y más motos.
Las diferentes curvas de herradura nos van elevando lentamente hacia la segunda parte de la ascensión mientras que de forma poco legal vamos superando coches, más coches, autobuses, calesas, eh?
¿Una calesa tirada por caballos en mitad de la ascensión en una carretera como la que atraviesa el Gottardo?, pues sí, llevan a turistas a dar un perjudicial paseo para los nervios de algún que otro conductor.
Hemos pasado Airolo y en constante bajada nos introducimos sin remedio en el Valle Leventina.
Este es un bonito y arbolado valle que tan solo se ve deslucido por los fulminantes pilares que sostienen la autopista durante buena parte del mismo.
Aun así, es una recomendable ruta por carretera en buen estado y zonas con curvas, aunque una vez más, el calor va apretando hasta hacerse casi insoportable según nos acercamos a la parte baja del valle.
En el descenso, merece la pena la parada en Giornico, una encantadora y típica aldea del Ticino.
Aunque hay multitud de pueblos y aldeas que podrán enseñaros sus encantos a poco que se rebusque entre el entramado de sus pequeñas calles y plazas.
Después de la parada en la aldea de Pigollo para rellenar el depósito de nuestras monturas, nos dirigimos hasta Biascas, lugar en el que hacemos acopio de provisiones en un supermercado Migros y dónde comemos bajo la complaciente sombra de un frondoso árbol.
Poco más nos queda hasta llegar a la fortificada Bellinzona.
Sin ser tan conocida como sus vecinas Lugano o Locarno, esta ciudad asentada junto al río Ticino, es un lugar de paso por el que transcurren tres importantes itinerarios (paso del San Gottardo , paso de San Bernardino y paso del Lucomagno) y por lo tanto, un lugar de relevante situación estratégica tal y como atestigua la historia dónde se nos muestra como una ciudad que siempre ha estado amurallada.
La visita a esta pequeña joya Suiza es casi casi simbólica ya que debido al soporífero calor salimos rápido hacia el siguiente paso de la jornada en busca de lugares más agradecidos para ir en moto.
Aún así, las vistas sobre la muralla y sus castillos enclavados en la montaña, impresiona, mostrándose al viajero un conjunto de gran belleza .
El Valle de Mesolcina hace de enlace entre Bellinzona y la cima del San Bernardino a través de la carretera 13.
Evitando en todo momento los machacones carteles con fondo verde que nos llevarían irremediablemente hacia el túnel que atraviesa este paso, damos buena cuenta de las típicas horquillas (o tornantes) sobre una carretera que hace que montar en moto se convierta en el mayor de los placeres .
El paso de San Bernardino es uno de los puertos que separan la parte alemana de Suiza del cantón del Ticino, lugar en el que se habla italiano y dónde los precios nos parecieron bastante elevados. Una botella pequeña de agua en el pueblo de San Bernardino se cotizaba a 5 Fr. y la pegatina del paso a otros nada despreciables 4 Fr. cuando en otras cimas tan solo costaba 2 Fr.
Después de la bonita subida del paso de San Bernardino de manera irremediable la carretera nos adentra en la E43, si, una de esas vías con fondo verde, en la que sin ser autopista (solo un carril por sentido) suponemos que sería un lugar para llevar la Vignette.
Son tan solo unos 8km los que hacemos por esta vía hasta llegar a Splügen y a las puertas del inmediato inicio a uno de los puertos, a priori, más complicados del viaje el Splügenpass.
Quizás por eso, por la etiqueta de complicado, era uno de los puertos que más ganas tenía de pasar junto con el Stelvio y el Furka; en ocasiones este tipo de actitudes hacen que a la hora de la verdad te lleves un chasco, pero en esta ocasión no fue el caso.
La subida se hace por carretera en buen estado, estrecha y sin delimitación de carriles pero con un firme que permite alguna que otra lindeza. Impresionantes, desde la parte alta las vistas sobre las horquillas, auténtico sacacorchos que nos eleva enérgicamente sobre el valle regalándonos una excelente panorámica teñida de verde .
Pasamos la frontera hacia Italia sin mayores problemas y comenzamos la bajada por una carretera mala, con guardarrailes completamente oxidados y una pendiente muy pronunciada hasta Montespluga , lugar en el que hacemos una parada para contemplar el gran lago de mismo nombre y tomar un refrigerio.
Retomamos el camino para recorrer lo peor; bajada muy pronunciada, carretera, en según que tramos, bastante mala, mucho tráfico, galerías entremetidas en la roca, horquillas dentro de los túneles y un constante y penetrante olor a pastilla de freno quemada en una bajada que se nos antoja peligrosa, quizás más por los propios italianos que por la carretera en sí.
Se nos hizo interminable, tediosa y alocada, pero sin lugar a dudas es para repetirla mil y una veces.
Entre una abundante vegetación rodeamos el lago de Isola, bastante vacío y con cierto olor a tristeza debido a la poca luz que llega hasta el fondo de tan pronunciado valle, para poco después retomar la SS36, más sosegada en la primera parte para volver a retorcerse según nos acercamos a Chiavenna hasta el punto de ver a varios autobuses maniobrar para poder realizar las curvas de herradura.
En las inmediaciones de Chiavenna enlazamos con la SS37 que nos devolverá a Suiza, y a las magníficas carreteras que tan mal acostumbrados nos tienen.
Una vez en Suiza y sin mayores problemas para volver a cruzar la frontera, la SS37 pasa a nombrarse como carretera 3.
Los bosques de pinos cubren hasta donde llega la vista en una panorámica que sorprende y deja ensimismado a cualquiera. Además la carretera se asemeja a una fina lija muy abrasiva que hace que la moto se agarre con fuerza a la carretera lo que es sinónimo de diversión sobre dos ruedas.
La subida a Malojapass es paulatina en la primera parte recorriendo numerosas curvas rápidas para desembocar sin remedio en sus numerosas tornantes incrustadas en el frondoso bosque a modo de escalinata hacia la cima.
Posiblemente uno de los pasos que más hemos disfrutado en cuestión de conducción por el momento, lástima que lo bueno dure poco y se nos haga tan corto.
Ya en la cima poco queda para llegar hasta el albergue que tenemos reservado en St. Moritz Bad, aunque el trayecto restante es de absoluta y recomendable diversión.
Carretera en constante zig zag a lo largo de los lagos de Segl, Silvaplana y Murrezzan y como ya supondréis, la panorámica de este valle bañado por las aguas de estos tres lagos es para enmarcar en nuestros mejores recuerdos.
Llegamos a St. Moritz Bad, descargamos las motos y reservamos también para la siguiente noche del viaje ya que mañana tenemos un día con muchos puertos y preferimos ir más descargados.
Ya que la cena está incluida en el precio del albergue cenamos a eso de las 19:15h y la verdad es que todo estaba bastante bien, mucho mejor de lo esperado.
Con un cielo plomizo, que viene a confirmar las predicciones de lluvia y tormentas que vimos ayer en la televisión, salimos a dar una vuelta por la aburrida St. Moritz, y digo aburrida porque después de mucho buscar por las lujosas calles de esta adinerada ciudad poca cosa encontramos a parte de los ostentosos escaparates de las principales y más exclusivas marcas, no en vano alguna vez leímos que St. Moritz tan solo era para decir que se había estado en ella. Encontramos una especie de pub, no sin dar bastantes vueltas, donde tomarnos una buena cerveza y digo una porque la hora no daba para más, educadamente nos dieron la cuenta y nos explicaron que iban a cerrar. A las 21:00h ya no había mucho más que rascar y nos volvemos para el albergue.
Al menos no nos hemos mojado, ya que según llegamos al albergue empieza a descargar una sonora tormenta.
Una partidita de dados acompañados de unas cervezas y buena conversación es los que nos ofrece esta noche antes de irnos a descansar.
Mañana tenemos por delante siete de los más grandes, míticos e ilusionantes pasos que cruzar y viendo el tiempo la jornada promete ser dura.
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