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  Mapa e itinerario |
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20 Marzo 2008: De tranvía en tranvía
  Crónica de la jornada |
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Un día más suena el despertador a las 7 de la mañana (hora de Portugal) … un día más desayunamos de buffet en el hotel ... pero sin lugar a dudas, lo mejor de todo, es que hoy el día está completamente despejado y un imponente sol brilla sobre Lisboa.
Para recorrer la ciudad de Lisboa lo mejor es el transporte público. Además montar en uno de los clásicos tranvías lisboetas es algo de lo que tenemos marcado como imprescindible en nuestra visita a la capital portuguesa.
Desde el hotel tenemos 5 minutos andando hasta la boca del Metro (Plaça Espanha). En una de las máquinas expendedoras de billetes buscamos el más apropiado para un día. Con la ayuda de una chica muy amable nos decidimos por una tarjeta verde, denominada Viva Viagem, que permite, por 24 horas utilizar todo el transporte público de la ciudad de Lisboa, así como tomar los elevadores hasta el Barrio Alto. El precio es de 4€ y como podréis leer en está crónica amortizamos con creces el billetito.
Una vez en el andén, el metro tarda muy poco en llegar y en unos 10 minutos llegamos hasta la estación de Baixa-Chiado.
Los barrios de Baixa y Chiado, arrasados por terremotos e incendios (el último en 1988) a día de hoy forman un conjunto de belleza sobria y gran movimiento diurno, animado por los comercios, los pequeños vendedores ambulantes y los turistas, que pululan por avenidas peatonales a pocos metros del Tajo.
A un par de minutos andando del Metro se encuentra el elevador o ascensor de Santa Justa . Está ubicado en la calle de Santa Justa y enlaza esa céntrica calle con la Plaza do Carmo, situada en el barrio alto. Este elevador se nos presenta como robusta torre metálica de estilo neogótico de 45 metros de altura que esconde 2 ascensores con una capacidad de 24 personas cada uno.
Aunque es muy visitado por los turistas, los lisboetas también hacen buen uso de él para salvar el desnivel entre el Barrio Bajo y el Barrio Alto, ahorrándose una empinada caminata.
El billete de subida y la bajada cuesta 2,70€, una pasada la verdad, pero con la Viva Viagem se puede hacer uno del elevador sin coste alguno.
Cuando subimos, al ser primera hora de la mañana, la cafetería de la parte superior está cerrada, aún así, la vista panorámica de la ciudad con el Castillo de San Jorge, la Plaza del Rossio (Plaza Dom Pedro IV) y el Barrio Bajo, es fantástica .
Volvemos a bajar y caminamos tranquilamente hasta la Plaza del Rossio .
La Plaza del Rossio constituye el centro natural de Lisboa, donde herejes y convictos eran quemados por la inquisición. Hoy en día es una plaza agitada y bulliciosa punto de reunión de lisboetas y turistas. En la parte norte podemos ver el impresionante Teatro Nacional de Dona Maria II. A la derecha del teatro, fuera de la plaza, hay multitud de limpiabotas y pequeñas tascas con sabor local.
Más abajo, dirección sur llegamos hasta la Plaza de Figueira. Por la tarde volveremos hasta aquí para ver el ambiente que se respira más entrada la jornada.
Bajamos por la Rua La Prata hasta llegar a la Plaza del Comercio , enorme espacio abierto al estuario. La plaza está presidida por estatua de José I a caballo y es paso de numerosos autobuses y tranvías.
Después de realizar las fotos de rigor y de que me ofrecieran hachís y marihuana bajo la atenta mirada del caballo de José I, tomamos la bulliciosa y comercial Rua Augusta para coger uno de los pequeños y clásicos tranvías que llevan hasta el castillo y el barrio de Alfama, el número 28.
Subiendo por empinadas y retorcidas calles, pasando la Sé y algún que otro mirador, que a la bajada visitaremos con más detalle, el 28 nos lleva hasta el barrio de la Alfama , barrio más castizo de Lisboa; casas blancas, ropa tendida de los balcones y jalonados de flores, pequeñas tascas, tortuosas calles, empedrado … la esencia del concepto que tenía de lo portugués se refleja en estas calles.
Subimos al castillo. El autobús (más bien micro-bus) 37 deja en la misma puerta, pero no tiene ni de lejos el encanto que la subida en tranvía, aunque hay más trozo que patear.
La entrada al Castelo de Sao Jorge, son 5€ que bien merecen la pena. Vistas impresionantes de la ciudad , paseo relajado entre pinos, almenas, torres y murallas, rebuscando en lo más recóndito y escondido de tan impresionante obra el tiempo se nos pasa volando. Interesante es la entrada a el periscopio dónde se tiene una vista panorámica de 360º sobre la ciudad, explicada en varios idiomas cada media hora (nosotros entramos a la versión inglesa que era la que empezaba en 10 minutos).
A la salida del castillo la fila para comprar la entrada al mismo es impresionante y termina más allá de la puerta de entrada a la ciudadela, os recomiendo subir prontito para no perder el tiempo esperando.
La bajada desde la Alfama hasta el Barrio Bajo la hacemos caminando por la misma calle por la que nos ha subido el tranvía parando a la altura de la Iglesia de Santa Justa a tomar algo en uno de los pequeños típicos bares que salpican la calle.
Junto a la iglesia, nos encontramos un elegante mirador sobre el río Tajo, donde algún que otro artesano local vende pequeñas figuras y piezas de cerámica entre multitud de turistas que buscan una buena panorámica del río .
La Iglesia de Santa Justa suele estar siempre cerrada, pero lo más destacable son sus paredes exteriores decoradas con azulejos.
A estas horas de la mañana (más de las 11) la ciudad de Lisboa se muestra bulliciosa y viva. Los comerciantes de la peatonal Rua Augusta han terminado de colocar sus pequeños puestos y los bares han colocado las mesas y sillas de sus terrazas. Tomamos el tranvía número 15 dirección a Belém en la Plaza del Comercio .
En unos 20 minutos llegamos hasta la parada del Monasterio de los Jerónimos, si se baja en Belém queda retirado de los lugares de imprescindible visita.
Impresionante desde fuera, lo es más aún desde dentro. El Monasterio de los Jerónimos de estilo manuelino , se caracteriza por la mezcla de motivos arquitectónicos y decorativos del gótico tardío y del renacimiento . Fue un encargo del Rey Manuel I para celebrar el Descubrimiento de la ruta marítima de Vasco de Gama y financiado por los tesoros traídos desde las colonias.
Para entrar al claustro es necesario pagar 4,5€, se nos antojaba caro en un principio, pero la verdad es que nos gusto mucho y bien merece la pena rascarse el bolsillo.
Después de visitar el monasterio es hora de ir a comer. Llegamos pronto, hora portuguesa y todavía hay poco turista comiendo. Llevamos la intención de comer en el restaurante Caseiro (Rua de Belém 35), ya que es un típico restaurante rústico portugués con comida casera y trato familiar. Recomendado por varias guías, su especialidad es el bacalao y la verdad es que no nos defraudó. Comimos muy bien; ensalada para compartir, plato fuerte y café por 18€ cada uno, incluida la bebida. El bacalao estaba exquisito .
Cuando salimos del restaurante a eso de las 14:30 horas esta completamente lleno. Nos dirigimos de vuelta hacia el Monasterio. Poco antes de llegar nos encontramos con la famosa pastelería, con toldo azul, donde venden los famosos pastelitos de Belém . Todavía calientes, damos cuenta de estos pequeños caprichos de 90 céntimos de euro.
Paseando por los jardines de Belém, dejando atrás la vista del Monasterio llegamos al Monumento a los Descubridores . El monumento tiene la forma de una carabela con el escudo de Portugal en los lados y la espada de la Dinastía de Avis sobre la entrada. A los lados, mirando al Tajo, están las estatuas de héroes portugueses fuertemente ligados a los descubrimientos.
Buscando con la vista la desembocadura del Tajo se puede divisar la Torre de Belém . Un largo paseo nos lleva hasta ella y sus jardines.
En el pasado sirvió como centro de recaudación de impuestos para poder entrar a la ciudad y es un símbolo más de la arquitectura manuelina. Hoy en día se ha convertido en lugar de obligada visita al viajero y por lo tanto esta plagada de turistas. Por 3€ se puede acceder a un interior austero y que al parecer no ofrece mucho, por lo que nosotros no entramos y decidimos disfrutar de su robusta planta desde los jardines.
Cruzamos la carretera por uno de los puentes que sobre ella se ciernen y tomamos el tranvía número 15 de vuelta al centro de Lisboa, concretamente hasta la Plaza de Figueira. La plaza se muestra mucho más movida, bulliciosa y exageradamente repleta de gentes de diferentes etnias y culturas que cuando pasamos esta mañana por ella.
Desde esta plaza nos vamos hasta el elevador de Da Gloria en la Plaza dos Restauradores, aunque más que un elevador es un tranvía que tras 265 metros nos deja en el mirador de San Pedro de Alcántara desde donde se vuelven a tener unas magníficas vistas del centro de la ciudad y del castillo . Una vez más hacemos uso de la Viva Viagem y el ascenso no nos cuesta nada. En caso de no tener la tarjeta el trayecto de subida y bajada son 1,35€.
Damos un paseo entre las calles estrechas y empedradas del Barrio Alto. Un auténtico laberinto que parece desafiar a los tiempos y que junto a la Alfama es uno de los barrios castizos de la ciudad.
Nuestro caminar se hace más pesado, ya vamos cansados y de tanto andar se me está haciendo una ampolla en el pie. Entre callejuelas llegamos hasta el otro elevador de tipo tranvía de la ciudad, el elevador de Bica.
El de Bica, es un precioso elevador, más pequeño y con menos trasiego de gente que el de Da Gloria. En su empinado y tortuoso recorrido nos muestra la deliciosa decadencia de la ciudad; hileras de casas altas con la pintura desconchada, ropa tendida en los balcones y pequeñas tascas dónde la gente compra bebida que toma en la calle nos acompañan en nuestro descenso.
Con los últimos rayos de sol y de vuelta hacia el hotel paramos en Rua Augusta para tomarnos una cerveza en una de las terrazas que ofrece la calle y observar con detalle el movimiento que tan concurrida zona ofrece.
Muy cansados, medio cojo por la ampolla del pie, volvemos hasta el Metro que nos vuelve de regreso hasta el hotel, lugar en el que cenamos.
Al final no ha estado mal, la primera impresión que nos dejó Lisboa cuando llegamos ayer a cambiado enormemente con el sol y estando descansados. Posiblemente después de 250 km. lloviendo, el cansancio acumulado y de dar vueltas buscando el hotel no es la manera más adecuada para dar un primer vistazo a una ciudad.
Recomendaros algo en especial sería de locos, cada uno de los lugares que hemos visitado es simbolo de la ciudad de Lisboa y tiene su especial encanto. Supongo que nos habremos dejado muchas cosas por ver y por disfrutar pero creo que después de la paliza que nos hemos dado nos llevamos una panorámica bastante amplia de lo que es Lisboa y lo que puede ofrecernos.
* Se puede acceder a todas las fotografías del día desde el menú superior.
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